-¡Eres tú, eres tú!
Después le ocurrieron muchas cosas, pero no pudo decir ninguna. Era preciso para ello que hubiera descubierto un nuevo lenguaje, así como había descubierto dos nuevos mundos: el de la luz y el del amor por la forma. No hacía más que mirar, mirar y hacer memoria de aquel tenebroso mundo en que había vivido, allá donde quedaban perdidos en la bruma sus pasiones, sus ideas y sus errores de ciego.
Ella movió los labios.
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-¿Qué ha dicho?¿Qué ha dicho?
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Ninguno de los dos pudo comprenderlo. Era sin duda el idioma con que se entienden los que viven la vida infinita.
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...Después sus labios no se movieron más.
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