Sucedió algo extraño. Sólo duró un segundo y no fue un estremecimiento o un sobresalto, un temblor o una emoción.
Sin embargo, fue uno de esos segundos que abarcan miles de horas y de días llenos de júbilo y tormento. En ese segundo no sucedió nada visible.
Fue el comienzo de un estado de ensueño extraño de un sentimiento tan exaltado que apenas le corresponde el término grave y noble de amor.
Era ese amor, de fidelidad canina y desprovisto de deseos, que los seres humanos generalmente no experimentan en la flor de su vida,que sólo sienten las personas muy jóvenes o muy ancianas.
Sin embargo, fue uno de esos segundos que abarcan miles de horas y de días llenos de júbilo y tormento. En ese segundo no sucedió nada visible.
Fue el comienzo de un estado de ensueño extraño de un sentimiento tan exaltado que apenas le corresponde el término grave y noble de amor.
Era ese amor, de fidelidad canina y desprovisto de deseos, que los seres humanos generalmente no experimentan en la flor de su vida,que sólo sienten las personas muy jóvenes o muy ancianas.
Un amor sin reflexión, que sólo sueña y no piensa.



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