En realidad me llamo Ana. Mis ojos son marrones oscruro, aunque se ven negros. A veces hablo mucho, y a veces demasiado poco. De pequeña pensaba que vivía en le extensión de tierra más grande del planeta, hasta que vi un mapa. Reconozco que sentí decepción. No recuerdo exactamente ese momento. Me distraigo fácilmente. Soy muy fácil de convencer. Disfruto con las pelis raras y cutres, de esas en las que sientes verguenza. Lo mismo pasa con los libros. Me encanta mi casa, aunque no tiene mucho de especial. No tengo muy buena suerte. Nunca he estado apuntada a un gimnasio más de un mes. Pierdo el tiempo sin motivo. Me fijo en las letras de los demás. Soy muy perezosa para conocer gente nueva. Y muy vaga para discutir. Llevo gafas cuando quiero. Me olvido sin excepción de todo lo que me dicen. Pierdo cosas continuamente, y lo odio. Casinunca me estreso. Me siento ridícula cuando corro los 100 metros lisos para nada. Detesto la ropa incómoda. Me atrae todo lo que tiene que ver con la historia y el arte. Soy un poco absurda. Me entretiene cualquier tontería, como hacer fotos a las nubes. No sé hacer nada especialmente bien. No me importa en absoluto, creo. A veces bailaba con mi hermano haciendo el idiota delante del espejo. Me río continuamente. Encuentro muy divertido soñar cuando duermo. Suelo pensar que siempre le querré. Una vez escuché muchas veces seguidas una canción de Taylor Swift. Viviría viajando. Me gusta pintar. No puedo dormir con ropa interior. Echo de menos a mi hermano. Me entristecen las noticias, excepto cuando sacan pájaros que aprenden a caminar. Siempre digo que soy de greenpeace, pero no. Prefiero las cosas pequeñas, generalmente. No me gusta la música. Miento en las penúltimas frases.
sábado, 12 de febrero de 2011
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