
Cedo a mis grandes impulsos de seguir siempre adelante y nunca mirar atrás, sin sentir nunca la sensacion de vacío respecto a lo que he dejado de hacer. Abandoné las lámparas hogareñas y escogí la carretera.
La responsabilidad es toda mía, y no tengo derecho a lamentarme por aquello que elegí.


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